Centro de Estudios

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Entrevista en Artes y Letras a académico inglés Alan Knight, autor de nuestra editorial E-mail

Alan_Knight1El renombrado profesor de la Universidad de Oxford publicó en 2005 el libro Revolución, Democracia y Populismo en América Latina, uno de los títulos más prominentes de Ediciones Centro de Estudios Bicentenario.

 

Debido a su reciente presencia en nuestro país, el reconocido historiador británico Alan Knight dio una completa entrevista al diario El Mercurio, en su suplemento Artes y Letras, que puede ser leída a continuación.

Para conocer en detalle sobre el libro que el académico publicó con nuestra casa editorial, haga clic aquí

 

 

 

 

Entrevista

Visita de académico británico

Alan Knight y la distinción entre la historia buena y la mala


El destacado profesor de la Universidad de Oxford viene a Chile invitado a la inauguración de un nuevo centro de estudios históricos en la Universidad Adolfo Ibáñez. Su trabajo se ha centrado en la historia de México y Latinoamérica.


Patricio Tapia

 

Hasta la década de los sesenta, América Latina era terra incognita para la mayoría de los ingleses. Así al menos lo señalaba Harold Blakemore -uno de los ingleses que ya estudiaban ese ámbito-, al dar cuenta de los primeros años de los "estudios latinoamericanos" institucionales en las universidades británicas. Recordaba que se había dicho que Latinoamérica era un desafío para los jóvenes de mente aguda y que actuaría como un imán en ellos.

Al parecer, no fue un imán tan poderoso, pero algunos jóvenes de mente aguda se volcaron a su estudio. Uno de ellos fue Alan Knight, ahora profesor en Oxford y especialista en la historia mexicana. Autor de una "Historia de la Revolución Mexicana" y de una historia general de México (falta el último tomo), es reconocido también por sus artículos: una selección de ellos se publicó en Chile: "Revolución, democracia y populismo en América latina" (Centro de Estudios Bicentenario). Su ya famoso debate con Eric Van Young en razón de la crítica filosa al libro de éste "La otra rebelión" (FCE) sobre la guerra de independencia en México, abordando las rebeliones populares e indígenas, que incluían elementos religiosos y de identidad. El debate tocaba cuestiones de método y teoría, siendo, así, importante no sólo para la historiografía mexicana.

-¿Cuál es la situación de los estudios históricos latinoamericanos en Inglaterra hoy?

"La historia de América Latina jamás ha sido un tema de gran perfil en el Reino Unido (yo soy el único profesor de historia latinoamericana en la Universidad de Oxford, que tiene noventa historiadores). Sin embargo, hay una tradición historiográfica -pequeña, pero robusta- que ha incluido historiadores de renombre como Simon Collier (Chile) y David Brading (México y Perú); fue fortalecida en los años sesenta, gracias al apoyo del gobierno para los 'estudios latinoamericanos'; y, mientras que esa generación se ha jubilado, ha emergido una nueva generación de historiadores jóvenes, a veces en departamentos de 'estudios culturales' (la nueva onda)".

-¿Fue excentricidad suya dedicarse a México?

"Quizás; sin duda fue algo aleatorio. Habiendo terminado mi licenciatura en historia (casi sin tocar América Latina), quería seguir como investigador, pero no tenía ganas de estudiar la historia de Inglaterra -para mí, demasiado trabajada y 'cerca de casa'-; además, quería combinar la investigación con viajar y ampliar mis horizontes (limitados, en ese momento, a Europa). Por casualidad -y gracias a Fidel Castro- el gobierno británico de ese entonces ofrecía becas para estudiantes sobre América Latina (para fomentar la investigación en una región poco conocida en Inglaterra). Conseguí una beca, que acepté con mucho gusto, y poco pensar. Doy las gracias a Fidel. Pero si esta decisión inicial tuvo mucho de casualidad, opté por México después de un proceso más largo y ponderado, por considerarlo un campo extraordinariamente fértil de investigación".

-¿Fue una excentricidad de Simon Collier dedicarse a Chile?

"Conocía bien a Simon: mi primer puesto como profesor fue en la Universidad de Essex -universidad del nuevo estilo de los 60, de hormigón y vidrio cilindrado, con muchos estudiantes (y algunos profesores) ultraizquierdistas. (Por supuesto, Simon no perteneció a ese gremio). Fuimos colegas por 12 años, dando clases de la historia de América Latina en un programa muy exitoso. No obstante nuestra amistad, debo confesar que no tengo la menor idea de por qué Simon -habiendo estudiado en la Universidad de Cambridge y hecho su servicio militar en la Fuerza Aérea Real- decidió dedicarse a la historia de Chile. Es cierto que había estudiado en con profesores (como Street y Joslin) expertos en Latinoamérica, y quizás (como yo, una década después) quería ampliar sus horizontes y ver otras partes del mundo. Siempre fue viajero además de historiador".

-Entre una visión heroica de la historia, de los grandes personajes, y otra que destaca las fuerzas sociales. ¿De cuál se siente más cerca?

"De la segunda, sin duda alguna. Claro, los grandes individuos -muchas veces villanos más que héroes- tienen su impacto, especialmente en cuanto a decisiones singulares (por ejemplo, el iniciar guerras, invasiones y cuartelazos). Pero aún estos personajes destacados estaban constreñidos por las circunstancias: la producción económica, los ingresos gubernamentales, la tecnología, la opinión pública. Los grandes héroes son, muchas veces, los que saben andar con la marea, y -como dijo Napoleón- los que tienen buena suerte. Generalmente la marea cambia y la buena suerte se agota; por tanto, son pocos los grandes individuos (ya sean héroes o villanos) que terminan su vida con sus éxitos y laureles intactos (p. ej., Napoleón, Cromwell, Bolívar, San Martín, Churchill). Por otro lado, hay un sinnúmero de temas históricos clave que tienen poco que ver con los 'grandes hombres' al estilo del historiador Thomas Carlyle: los procesos económicos y demográficos, las estructuras de la sociedad, la cultura popular (incluso religiosa), etc.".

 

Historia y mito

-Usted ha defendido una historia que trascienda lo nacional...

"En cuanto a la historiografía, según el dicho de Mao Zedong: '¡que florezcan cien flores!' (aun si en la realidad Mao no fue tan tolerante...). Es decir, hay muchas maneras de hacer la historia -nacional e internacional; política, económica, social y cultural, etc.-. La distinción clave es entre la historia buena y la mala, y 'buena' quiere decir: original, convincente y clara (en vez de reciclada, dudosa y envuelta en una jerga impenetrable). Por tanto, hay historia nacional buena y mala, igual que la internacional; no quiero postular la superioridad de una sobre otra. Sin embargo, es cierto que la mayoría de la historiografía suele ser nacional (o bien, hoy en día, 'subnacional', es decir, local o regional, que puede ser rica y reveladora). Con razón, quizás, los historiadores son reacios a arriesgar generalizaciones inter- o trans-nacionales: cuestan trabajo, son difíciles, pueden resultar vagas o erróneas. Al mismo tiempo, pueden ser útiles en dos sentidos: primero, para armar hipótesis que incluyan varias trayectorias nacionales (por ejemplo, sobre la industrialización o, actualmente, la 'globalización'), y, en segundo lugar, para arrojar luz sobre casos particulares, nacionales. '¿Qué conocen de Inglaterra quienes sólo conocen a Inglaterra?', preguntó el poeta Kipling, y es igual en América Latina: que un mexicanista conozca algo de Chile o Brasil sugiere perspectivas interesantes sobre su propio país historiográfico".

-En su polémica con Van Young, queda claro que no le simpatizan las corrientes posmodernas. ¿Cuáles son sus objeciones?

"Hay mucho de gran valor en la obra de Eric; en el debate me enfoqué, lógicamente, en las partes con las que discrepaba, y vale agregar que, comparado con varios sujetos que intentan destacar, los 'turcos jóvenes' (algunos ya no tan jóvenes) de la onda posmodernista, Eric es un modelo de racionalidad. Mis dos dudas principales son: primero, una jerga impenetrable (ya mencionada), que a veces parece ofuscar más que aclarar, o quizás sirve como shibboleth (contraseña) para los aficionados del culto (en este contexto, el ensayo de George Orwell sobre la política y el idioma inglés debe ser lectura obligatoria para todo historiador), y, segundo, la idea que la historiografía consiste de 'textos flotantes', capaces de múltiples interpretaciones, de tal manera que pensar en hipótesis 'mejores' -es decir, más robustas y convincentes- es un ingenuo positivismo. Claro, la objetividad total (¿'científica'?) es inalcanzable; pero eso no quiere decir caer en una subjetividad total, en donde todo vale".

-Escribió un artículo sobre el mito de la Revolución Mexicana. ¿Qué es lo más mítico de ese mito?

"Todo mito político (no me refiero a mitos religiosos que son de otra índole) debe tener algo de verdad, al menos para convencer a la opinión pública (o parte de ella); o no sirve como mito. El mito de la Revolución Mexicana, construido después de la lucha armada de 1910-20, enfatizó que la Revolución fue: popular, progresiva, nacionalista, agraria, y apoyada por la gran mayoría de la población (menos una élite de explotadores). Fue una exageración -como suelen ser los mitos políticos-, pero tuvo algo de verdad en cuanto al programa de la Revolución (en los años 1920-40), más su apoyo popular. Pero 'lo mítico' aumentó después de 1940, conforme el régimen del PRI -no obstante sus éxitos en términos de estabilidad política y crecimiento económico- se alejó del programa, discretamente hasta los 1970, abiertamente con el giro neoliberal de los 80 y 90. Cada vez más, el mito revolucionario cayó en manos de la oposición (izquierdista), como los Zapatistas de Chiapas. Es decir, el mito original tuvo una base histórica; fue el abismo entre mito y realidad en los años post-1940 que fue realmente 'mítico' y mitificante'".

Políticos

-Allí anota, al pasar, que hay un síndrome actual que lleva a que los buenos candidatos sean malos presidentes. ¿Razones?

"Por mencionar sólo dos razones: primero, frecuentemente, son las administraciones las que pierden las elecciones (en vez de ganarlas la oposición); los gobernantes parecen incapaces y sus contrincantes prometen algo nuevo y bonito; pero si ganan, éstos se vuelven incapaces; un síndrome reforzado por los grandes problemas económicos actuales, que son reacios a solucionarse. Y, en segundo lugar, las campañas electorales (ahora más que nada campañas televisivas) requieren 'virtudes' particulares -como ser telegénico, utilizar imágenes y 'soundbites', etc.-; pero esas 'virtudes' no sirven para gobernar bien. Como dijo el alcalde neoyorquino Mario Cuomo: 'Hacemos campaña en poesía, pero gobernamos en prosa'. O, mejor dicho, la 'mercadotecnia' produce candidatos superficialmente atrayentes, moldeados por los medios, pero que carecen del peso necesario para gobernar. ¿Es mera nostalgia histórica pensar que los grandes políticos del pasado -pensemos en Alessandri, Cárdenas, Roosevelt- son de mayor talla que la gran mayoría de los actuales?".

(publicada el 23 de septiembre de 2012 en Artes y Letras, página E6)

 
 
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