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Eduardo Urrejola: "Dos generaciones de Urrejolas se arruinaron por haber elegido al bando perdedor" E-mail

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Este destacado abogado, especialista en derecho corporativo, nunca pensó que iba a escribir un libro. Aunque desde niño tuvo curiosidad por su familia, y tomaba apuntes y revisaba bibliografía sobre ella, sólo hace siete años empezó a organizar toda la información que poseía, encontró fotografías, actualizó el árbol familiar, consiguió documentación valiosa desde España en el Archivo de Indias y otros archivos vascos y nacionales españoles…
“Sin darme cuenta, me encontré en mis manos con un libro escrito”, dice, acerca de Los Urrejola de Concepción. Vascos, realistas y emprendedores, editado por Centro de Estudios Bicentenario, que relata la trayectoria por cinco siglos de esta tradicional familia, que ha tenido de dulce y agraz en su establecimiento en Chile.

 

¿Qué significó para usted en términos de tiempo y dedicación escribir un libro de casi 500 páginas, con imágenes, árbol genealógico…?

La verdad es que fue algo paulatino, hecho los fines de semana y las vacaciones, y varias noches de días de semana también. Supongo que si yo fuese un historiador profesional, dedicado cien por ciento a esto, el asunto se habría dilatado mucho menos, pero a mí me demoró siete años.

A nivel personal, ¿qué sentimientos le han surgido de haber llegado a conocer tan profundamente las raíces de los Urrejola?

En definitiva, todo esto se trata de la familia. Sólo con amor a la institución de la familia y a las personas de carne y hueso que forman la propia se puede tener interés en investigar este tipo de cosas. Para decirlo en corto: si se quiere y admira a los padres y hermanos, que es mi caso, sólo entonces se puede escribir un libro así. Pero, claro, ese es el punto de partida, porque hacen falta también otras cosas: ánimo, curiosidad investigativa, y un material histórico de algún interés.

En mi caso, uno de los sentimientos que tengo cuando contemplo la historia familiar es el de admiración por los sufrimientos experimentados por mis antepasados y parientes realistas, que vivieron los revolucionados años de la independencia. El libro descubre que esta gente pasó unos cuatro años de angustias y preocupaciones, primero como consecuencia directa de las agitadas aguas políticas y bélicas, y después debido a las expropiaciones, secuestros y exilios que todos tuvieron que padecer de alguna forma. Diría que dos generaciones de Urrejolas se arruinaron por haber elegido al bando perdedor. Esto es muy impresionante. Es algo que se puede expresar en un párrafo, pero que hay que imaginar vivirlo la vida entera.

Otra cosa que me produce el libro es la idea de ejemplo y de meta. Es decir, la historia de nuestros antepasados no la cuento para que la contemplemos melancólicamente a la luz de la tarde, sino que como incentivo para avanzar, progresar y contribuir a la sociedad y al país. Es decir, como punto de partida para las generaciones futuras, no como relato romántico.

 

A su juicio, ¿qué personas o instituciones fueron cruciales para poder concretar este proyecto, por la ayuda o apoyo brindado?

Estas personas están nombradas en los agradecimientos de las primeras páginas del libro. Pero si tuviera que elegir a las más vitales, éstas son, en primer lugar, mi señora Elena Yrarrázaval, que le dio estructura al libro, su orden en tres partes y revisó la redacción como detective y periodista infatigable. Me mostró las incongruencias, vacíos o errores que pudo haber. Pero no sólo eso. Además, debió tolerar las muchas horas que pude dedicarle a la familia y a la recreación que pasé encerrado frente al computador. Varios veranos, por ejemplo.

En segundo lugar, al Padre Gabriel Guarda, que fue quien primero revisó el manuscrito, le pareció interesante y me hizo esa introducción estupenda. También a mi amigo Armando Cartes, que me dio muchos consejos utilísimos, me transmitió comentarios, conocimientos y experiencia que él tenía y que yo, siendo abogado y no historiador, carecía por completo. Y a los que silenciosa y anónimamente financiaron el libro.

 

¿Cree que su libro de algún modo es una revalorización de la región del Bío-bío, especialmente en la génesis de la República?

Por cierto. Mi libro está escrito en parte para exaltar a la familia como institución, en parte para destacar el hecho de que la savia de Chile viene de las queridas pero postergadas provincias, y en parte para realzar concretamente a las zonas del Ñuble y Bío-Bío, que fueron las que soportaron con su esfuerzo y patrimonio todo el esfuerzo de la revolución de la independencia, y luego siguieron por años haciendo un valioso aporte a la nación toda, creando riqueza y cultura.

 

¿Cómo relaciona usted a la institución de la familia en Chile con la historia del país, cuando finalizamos la conmemoración del Bicentenario?

Están íntimamente ligados. En muchos sentidos. Desde luego, la nación fue formada por verdaderos clanes familiares. Pienso que los grupos políticos tienen su origen último en la familia y en las agrupaciones de parientes. Así, por ejemplo, los Carrera y sus conexiones; los Ochocientos (Larraínes) y las suyas; los Urrejola y su red realista; o los 25 Godos (los Riesco). Estos y otros grupos familiares son los que fueron forjando la República. En otro sentido más profundo, sólo la familia le da estabilidad a la sociedad.

 

¿Puede contarnos qué significó para usted el hallazgo de las tierras de Cucha-cucha y la conexión con su familia?

La Hacienda de Cucha Cucha está muy ligada a la familia, pues fue el principal patrimonio familiar de los siglos XVIII y XIX, y al ser secuestrado por la República, dejó a la familia en la calle. Por eso es interesante seguir el via crucis familiar materializado en los vaivenes judiciales del fundo. Pero, además, es atrayente seguir la historia de un predio y estudiar sus procesos de división y sus cambios agrícolas: de ganadero y cerealero a viñatero; y de viñatero a forestal.

 

Al incursionar en la historiografía con esta obra, ¿ha encontrado algún hilo que se pueda seguir en futuras investigaciones históricas sobre la zona de Concepción?

Hay un aspecto que sería interesante estudiar: el éxodo de las elites a Santiago, cómo, cuando y por qué se produjo. Por otra parte, falta abordar el tema de la enorme contribución de estas familias “exiliadas” a Santiago al pais completo. Por último, podría investigarse cuál es el catastro de todas estas familias, que son muchas más de las que se cree. Por ejemplo Bulnes, Freire, O’Higgins, Cruz, Prieto, Vial, Benavente, Navarro, Ocampo, Urrutia, Allende, Rioseco, Ibieta, entre otros.

 

por Carla Arce

Diciembre, 2010


 
 
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